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Así era León

Segunda parte

Por el Lic. Carlos Arturo Navarro Valtierra
Cronista de la ciudad de León

Editado por José Regino Torres Valtierra

En la primera parte nos quedamos en...  El 27 de octubre de 1946, el Dr. Manuel Martín del Campo, es consagrado Obispo coadjutor del Dr. Emeterio Valverde y Tellez con derecho a sucesión automática


La Junta de Administración Civil presidida por Don Carlos A. Obregón rindió su informe del año 1946 en el que dio cuenta de su gestión, refiriéndose principalmente a las medidas instrumentadas contra la carestía de viveres provocada por la crisis y por el afán desmedido de lucro de los comerciantes. Expresó también los numerosos despidos de empleados del Municipio que fueron inmorales e incompetentes. Hizo alusión entre otros aspectos, a los acuerdos de acortamiento de distancias reglamentarias de los expendios de pan, carne, masa y tortillas, carbón, leña y molinos para nixtamal, con el fin de aumentar la oferta y provocar la baja de precios. Anunció la nueva ambulancia para el cuerpo de policía, dos camiones nuevos para el rastro y algunos trabajos de tendido de la nueva red de agua y drenaje, así como la aforación de pozos a mayor profundidad para aumentar la dotación de agua ante la escasez de lluvia de ese año y la apertura de la calle de la Camelia.


León en los cuarentas, era una ciudad tranquila y apacible y que apenas apuntaba su crecimiento. Se percibía todavía el agradable sabor de la provincia con su riqueza de tradiciones.


Los leoneses, casi todos se conocían entre si, la mancha urbana se extendía poco a poco, pero la ciudad bien podía recorrerse a pie.


La Plaza de los Mártires de 2 de enero seguía siendo el centro de reunión preferido por los habitantes, sobre todo en las serenatas de los domingos amenizadas por la Banda municipal dirigida por Don Pascual Pantoja, en las que todo el mundo se saludaba y donde casi por tradición surgían los noviazgos que culminaron muchas veces en matrimonios.


Ir a los almacenes de Sevilla a tomar café y a escuchar a Pascualito Hernández Navarro en sus ejecuciones en el piano, era lo más agradable. Lo mismo ir a la Irma a tomarse una nieve o a cenar; al café de chinos, al Margo´s, al Molino Rojo o al Molinito.


Era tradicional ir también a la Calzada, para alquilar bicicletas o pasear con la novia bajo los naranjos y con las estaciones del año, personificadas en estatutas como mudos testigos.


El puente de la calzada fue el límite urbano hacía el oriente por muchos años; hasta ahí llegaba el caserío y con fincas tan modernas que contrastaban solo con la Quinta Elvira de antigua construcción y de la que se afirmaba poseía un túnel que llegaba hasta la Catedral, en el que se decía haberse hallado algún esqueleto de persona fallecida durante la persecusión cristera.


Al salir del puente de la calzada comenzaban los campos cultivados, atravesados por la carretera a Silao y hacía su lado derecho se veían los carrizales detrás del Instituto Lux y adelante el campo agrícola experimental.


Más al oriente se localizaba el Tlacuache, hoy colonia Oriental que fueron terrenos de Don Francisco Lozornio.


Entonces era costumbre pasear por la Plaza de San Juan de Dios, ver a los galleros pastorear sus aves de pelea, saborear ahí la nieve raspada o de bote, comer las carnitas que vendía Don Domingo, o bien la birria de cabrito expedida fuera de la tienda "La Oriental". Esto en el día porque en la noche la gente temía la aparición de "El Catrín", espíritu de un novio frustado que, según se decía, rondaba la fuente del viejo jardín.


El Parque Hidalgo, el espacio inmejorable para recrearse, por ahí los chiquillos se divertían a lo grande, corrían, brincaban, se subían a la rana, al cocodrilo o al kiosco. Más allá del parque, hacía el norte, estaba la colonia Dolores, de la calle Purísima a la África. Un poco hacía el oriente y pegada al Barrio, la colonia Obregón. Destacaba también el Cerro del Calvario con su portada neoclásica, así como la Garita con su calzada del Cerezo.


Del parque hacía el norte, se miraban a lo lejos terrenos despoblados y las antenas de la XELG, frente a las construcciones del campo deportivo Juventudes. Al poniente del parque ya estaban la colonia Industrial y la colonia Obrera. Otras colonias establecidas eran la Bellavista al oeste, la Independencia al sur de la ciudad a partir de la calle Río Bravo, la Españita pegada al seminario, la colonia de Los Reyes al norte de León y la llamada colonia Jardín, después llamada Andrade atrás del estadio Patria. Había clubes deportivos como el Júnior en la Hernández Álvarez entre la Díaz Mirón y Tres Marías, así como el Atenas hacía el norte del Parque Hidalgo.


Por esos años se presumía en todo México, las carnitas estilo León, así como la birria, sabrosa carne de cabrito o de carnero cocida al vapor y los ricos chicharrones duro y de lonja.


Entonces se podían adquirir con vendedores ambulantes: pan de nuez, pambazos, gorditas de horno y de elote. Igualmente, los atoles de arroz, yuca, champurrado y los famosos pasteles de olla.


Abundaban las pozoleras por doquier y por diez o veinte centavos servían los rebosantes platos.


Los platillos típicos de antes y de ahora: el mole para los cumpleaños, el menudo, el guacamole con granada, botana muy cantinera, las cazuelas de cuaresma y la comida de todos los viernes de vigilia, destacando los postres como la capirotada de leche y la de piloncillo.


En el día de todos los santos y de muertos, no faltaba el fiambre; fruta de vinagre con embutidos de cerdo y desde luego el postre muy leonés, el guayabate o cajeta de guayaba con camote morado.


Para un buen puchero y otros exquisitos platillos, nada mejor que ir al hotel México sede de los grandes banquetes.


Nuestra bebida tradicional: las aguas de frutas naturales y las de sifón vendidas en los estanquillos, de tipo soda y de raíz de cerveza.


El leonés tenía preferencia por el béisbol primero, y después desde 1944 por el futbol. La ciudad casi enloqueció con el primer título de liga de 1948, volvió hacerlo en 1949 con el segundo y la presea del campeonísimo, después celebraría en 1952 el tercer gallardete y en 1955 el cuarto.


El Estadio Fernández Martínez se construyó en 1945 y en 1950, Alfonso Guerra edificó en sus terrenos el Estadio La Martinica con cupo para 2,000 personas, cobrando cinco centavos. Al año siguiente, el conjunto esmeralda ya entrenaba en éste último estadio que sería su sede por muchos años.


Fueron famosos los paseos campestres al Vallado del Moral, sus terrenos pantanosos pero con agradables sombras arboladas, lugar preferido por arandeses que después organizarían sus paseos anuales a una lado de la carretera rumbo a Lagos en los límites con Jalisco, y a los que también acudían los leoneses en cordial convivencia. Otros paseos memorables eran los de las uniones de abarroteros y cantineros, en ellos no faltaban el palo encebado y las carreras de caballos. También de costumbre popular los de la estación y del ojo de agua de los Reyes.


La ciudad generalmente era tranquila, pero después de los hechos de 1946 cambió mucho la actitud de los leoneses. En 1947 numerosos usuarios se manifestaron contra la compañía de luz y amenazaron con suspensión de pagos.


En este último año se inauguraron las reformas al Mercado de la Soledad y se fundó la Cámara de la Industria de la Transformación. Al año siguiente, en 1948, ahora sí, en serio, comenzó la pavimentación. Los trabajos se iniciaron en julio en la Avenida Madero, para terminarse la de concreto al año siguiente y activarse la de asfalto, ya más generalizada en 1952. El Presidente Municipal 1948-1949, Lic. Rodrigo Moreno Zermeño, fue el pionero en estas obras que vinieron a dar una nueva imagen a la ciudad, aunque ya existía, en el nuevo Portal Bravo, el recién terminado edificio de las Fábricas de Francia. El Presidente Miguel Alemán, inauguró las obras de pavimentación, concreto y del nuevo drenaje el 16 de mayo de 1949.


La quinta década del siglo se inicia con la bendición del monumento a Cristo Rey, en el Cerro del Cubilete, cuando ya había fallecido su principal promotor Valverde y Téllez, en diciembre de 1948, que por cierto dejó una rica biblioteca que ahora se encuentra en la ciudad de Monterrey.


En 1951, es nuevo obispo de Papantla, el leonés Dr. Luis Cabrera, pero también fallecen Monseñor Manríquez y Zárate, igualmente de esta tierra y obispo de Huejutla y el padre Bernardo Chávez, quien iniciara la construcción del Templo Expiatorio. Casi al finalizar el año, muere en Nueva York nuestro gran valor, María Joaquina de la Portilla y Torres, María Grever.


El 4 de septiembre de 1952, se inauguró el edificio del periódico Noticias, con la asistencia de Nemesio García Naranjo y de Don José Vasconcelos. El primer número apareció tres días después. Circuló hasta el 15 de agosto de 1954, para pasar a Irapuato y regresar a León como vespertino en 1965.


En 1952, fue importante la celebración del cincuentenario de la coronación de la Virgen de la Luz.


En 1953, causó estragos la epidemia de meningitis gripal. La Escuela Secundaria y Preparatoria estrenó en la Álvaro Obregón su nuevo y moderno edificio. al recordarse el 75 aniversario de su fundación. Ya para finalizar el año, el 17 de noviembre, se bendijo la Presa El Palote.


Un hecho lamentable que estremeció a la ciudad, fue el terrible incendio de la Droguería Francesa, ocurrido el 24 de mayo de 1954.


En 1955, el 13 de enero, nos visitó el Presidente Ruiz Cortines. El 9 de mayo se realizó por primera vez el Rosario Viviente.


Continuaron los cincuentas con sucesos más o menos significativos de los que siempre dio oportuna información El Sol de León; algunas noticias tristes, como los fallecimientos del compositor Bernal Jiménez, del pintor Antonio Segoviano, de los literatos Efrén Hernández y José de Jesús Arrona. Otras notas para reflexionar, la inauguración de Panteón San Sebastián el 2 de noviembre de 1958. Pero también hubo bastantes para el regocijo de los leoneses, como la modernización del cine Hernán en 1957 y el nuevo cine León en el siguiente año; así también los comentarios deportivos sobre campeonatos de futbol, béisbol, basquetbol, carreras panamericanas y de muchos otros certámenes; carreras atléticas de los barrios, vuelta ciclista., etc., etc.


Se fueron los cincuentas pero León no cambió mucho, con numerosas calles sin pavimento, transitadas más por bicicletas que por automóviles. Crecía la mancha urbana. Surgían otras "picas" o pequeños talleres de calzado, aparecían nuevos curtidores y las industrias existentes apuntaban a nuevos rumbos, pero León seguía siendo la provincia tranquila con ambiente de tradición.


En los cincuentas, la ciudad despertaba temprano con las primeras llamadas a misa de cinco de la mañana. Salían los viejos a barrer las polvosas calles y aparecían los primeros papeleritos a vocear el periódico. Los madrugadores compradores de pan, que luego revendían en sus pequeños comercios, parecían tener prisa para ser los primeros en escoger las variadas piezas recién salidas de los hornos y las que tenían llamativos nombres: elotes, chamucos, novias, pelonas, conchas, amores de granillo, chorreadas, sevillanas, roscas de canela y de vapor, cuernos, bolas y cajas de manteca, calzones, ladrillos, cáscaras, pellizcos y otros tantos cuya lista sería interminable.


Ya para las seis o siete de la mañana, circulaban por las calles numerosos vendedores que anunciaban con gritos la venta de sus productos: !Raiz !, Camote achicalado en miel de piloncillo, “!Jáletinas !”; “!Miel de Colmena!”; “Agua Miel”, la que traían en cántaros cargados por un burro. Igualmente salían los presos, borrachitos o “quinceados” a barrer las calles.


Los expendios de leche bronca no se daban abasto en servir el líquido en las medidas litreras de hojalata. Al igual que las atoleras, que no faltaban en las numerosas vecindades de la ciudad, donde vivían generalmente las sirvientas que no eran de pie.



Proximamente la tercera parte...


Ver la primera parte...

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